Había una vez un pueblo cuadrado. Tenía 64 casitas, unas claras y otras verdes, puestas una al lado de la otra como baldosas.
Las casitas estaban en calles acostadas, que se llamaban filas, y en avenidas paradas, que se llamaban columnas. También había caminos en diagonal, que cruzaban el pueblo de esquina a esquina. En esos caminos, todas las casitas eran del mismo color.
Un día llegó el cartero con una carta para la casita e3. Clara le enseñó cómo encontrarla: "Primero buscás la avenida e. Después subís hasta la calle 3. ¡Ahí está!".
El cartero repartió todas las cartas sin perderse ni una vez. Y desde ese día, cada casita tiene su nombre: una letra y un número.