En el pueblo de los 64 cuadraditos, el rey negro se había quedado solo en una esquina. Las piezas blancas lo rodeaban y estaban muy contentas: "¡Ya casi ganamos!".
La torre blanca, muy apurada, se acercó un poquito más. Y entonces le tocó al rey negro.
El rey miró a su alrededor. Nadie le daba jaque: estaba tranquilo. Pero cada casilla de al lado estaba vigilada. No podía moverse a ningún lado.
"No estoy en jaque, pero no me puedo mover", dijo el rey. "¡Estoy ahogado!". Y cuando pasa eso, la partida termina en empate. En ajedrez, el empate se llama tablas.
La torre blanca se agarró la cabeza. "¡Me apuré!". Y Clara le dijo: "La próxima vez, dejale una puertita abierta hasta que puedas dar mate".