En el pueblo de los 64 cuadraditos, el rey era el más importante de todos. Si al rey le pasaba algo, se terminaba el juego. Por eso todos lo cuidaban.
Pero el rey era un rey muy tranquilo. Andaba siempre en pantuflas, y daba un solo pasito por vez: para adelante, para atrás, para los costados o en diagonal. "Despacito se llega lejos", decía.
Un día, el rey quiso ir a visitar a la dama, al otro lado del pueblo. Pero en el camino había una torre negra que vigilaba toda una calle. "Si piso esa calle, me come", pensó el rey. Así que buscó otro camino, paso a paso, hasta encontrar una casilla que nadie vigilaba.
Cuando llegó, la dama le preguntó: "¿Por qué tardaste tanto?". Y el rey le contestó: "Porque un rey nunca se pone en peligro".