El pueblo de los 64 cuadraditos estaba vacío. Hasta que una mañana llegaron dos camiones de mudanza: uno blanco y uno negro. Adentro venían los vecinos nuevos.
Primero bajaron las torres. "Nosotras vivimos en las esquinas", dijeron, "así cuidamos el pueblo". Al lado se acomodaron los caballos, y al lado de los caballos, los alfiles, con sus sombreros altos.
Quedaban dos casitas en el medio. El rey iba a elegir una, pero la dama se adelantó: "Yo quiero la casita de mi color". La dama blanca eligió la casita clara, y la dama negra, la oscura. El rey se quedó con la de al lado.
Por último bajaron los ocho peones, los más chiquitos. Se pusieron todos juntos en la fila de adelante, como un muro, para cuidar a su familia.
Esa noche, Clara miró el pueblo desde arriba y contó: 16 vecinos blancos y 16 vecinos negros. ¡El pueblo estaba listo para jugar!