Cuando la dama llegó al pueblo de los 64 cuadraditos, todavía no sabía cómo moverse. Así que se sentó en su casita y se puso a mirar.
Primero miró a la torre. "¡Chu-chu!", hacía la torre, y se iba derechito por las calles y las avenidas. "Qué lindo", pensó la dama, "yo también quiero ir derecho".
Después miró al alfil, que paseaba por los caminos en diagonal. "Qué lindo", pensó la dama, "yo también quiero ir en diagonal".
Y entonces se dio cuenta: ¡podía hacer las dos cosas! A veces iba derecho como la torre, y a veces en diagonal como el alfil. Eso sí: en cada viaje elegía uno solo de los caminos, y nunca saltaba por encima de nadie.
"Sos la pieza más poderosa del pueblo", le dijo Clara. Y la dama, muy contenta, le contestó: "Es que aprendí de todos".