En el tablero, todas las piezas caminaban. La torre iba derechito, como por una calle. El alfil cruzaba en diagonal, siempre por su color. Pero Saltarín, el caballo, no podía caminar así.
Un día, los peones se pusieron todos en fila y le taparon el camino. La torre no pudo pasar. El alfil tampoco.
Saltarín se puso triste. Hasta que Clara le dijo: "¿Y si en vez de caminar, saltás?"
Saltarín contó: uno, dos… y uno al costado. ¡Hop! Pasó por encima de todos los peones y cayó en una casilla de otro color.
Desde ese día, Saltarín sabe que no camina como los demás. Él salta en forma de L, y es el único del tablero que puede hacerlo.